Pasando.... la escoba
La mujer se levantó como cada mañana, muy cansada, pero sabía que debía hacer lo que era su deber impuesto por la costumbre de aprender a vivir en la limpieza, adquirida en aquel internado de mujeres del pueblo.
Esta vez, decidió liberarse y hacerlo distinto; sacar la mugre, el polvo, con el plumero, el cepillo y los paños, quería sacar esa parte muy menuda y deshecha de la tierra que se había hacinado en estos días en su casa, en que había ido a visitar a su madre al hospital, y no había tenido tiempo de preocuparse por limpiar y expulgar sus rincones.
Afuera, hacía calor, era pampa y sólo se quería sentir libre en aquel caserío, por lo que decidio desnudarse y ponerse sólo su largo delantal negro hecho por doña Tomasa, la anciana costurera que se lo había punteado, hilvanado y pespunteado, hace un par de años atrás.
Mientras se empeñaba en limpiar y recuperar su espacio limpio, su cuerpo sudaba y ella sentía el borde de la tela empadada en sudor que rozaba su cuerpo, la mujer simplemente sonreía, tal vez porque había olvidado sentir...
Aun así, el líquido transparente y salado que recorría su cuerpo se dejaba fluir por las piernas, la sien, la frente, la oreja y las mejillas, fruto de su trabajo de limpieza.
Ella sólo admitía que era necesario limpiar y recibir la entrada de su cuerpo.

2 comentarios:
quizás ese limpiar el polvo externo... también quiera sacar el polvo a antiguas historias guardadas en el pasado o en el inconsciente?
bss
Tal vez, o simplemente dejar que el AHORA SEA.
Un beso, Rafaela.
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